Hoy desperté demasiado tarde para vivir el día, eran las dos. En la cama, con frío, con la oscuridad mental de mi vida siempre apagada.
Sentarme en la orilla de la cama me costó un mundo; y verme ahí sentada, sóla y confundida me hizo recordar mi basto almacén de miseria emocional.
El silencio de toda la casa me recordó que estoy sóla, que siempre lo estaré. Que muy en el fondo es como quiero estár. Ahogandome en un vaso de whisky a las dos quince de la tarde, desnuda, despeinada, pero sobre todo sóla.
1 ¿Algo que decir?:
Hay días en los que es mejor ni siquiera despertarse. Y viajar por la noche a tientas con las manos por delante.
Muá
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