20 abr. 2012

Supongo que es bueno endurecerse hasta tal punto que nada pueda afectarte nunca más; pero entonces te quedarías solo, tan absolutamente al margen de los demás que la vida se volvería imposible. Aquí hay algunos que logran hacerlo, que encuentran el coraje para convertirse en monstruos; pero te sorprendería saber qué pocos son. O, para decirlo de otra manera, todos hemos terminado por convertirnos en monstruos, pero no hay prácticamente nadie que no guarde en su interior algún vestigio de lo que solía ser la vida.


Después de todo, la memoria no es un acto voluntario, es algo que ocurre a pesar de uno mismo, y cuando todo cambia permanentemente, es inevitable que la mente falle, que los recuerdos se escapen.

En realidad, el problema no consiste en que la gente olvide las cosas, sino en que nunca olvida las mismas. Lo que aún existe en la memoria de una persona, puede haberse perdido definitivamente para otra y esto crea dificultades, barreras insuperables para la comprensión.

Entonces nuestras vidas no son otra cosa que la suma de múltiples contingencias.


-El país de las últimas cosas, Paul Auster.

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