23 ago. 2016

Amelie


- Está enamorada.
- Pero si no la conozco.
- ¡Claro que la conoces!
- ¿Desde cuándo?
- Desde siempre, en tus sueños.

Sex has won!

Llegaste justo antes del desayuno,
llovía y tocaste desesperada.
Yo no esperaba a nadie, fumaba un cigarrillo mirando desde la ventana,
me levante con flojera y pensándolo muchas veces,
pero cuando te abrí jamás imagine encontrarme contigo,
esa mujer que alguna vez me habría dicho abiertamente que solo le gustaba por el sexo,
que no pretendía que la amara o que ella lo hiciera,
cosa última que jamás pasaría.
Aquella de largas piernas y prominentes caderas,
de mirada encantadora y pervertida.


Hoy la lasciva invadió a tu cuerpo,
se mezcló con tus enormes ganas.
Entraste a la ducha para bajar ese encantador bochorno,
sin decirme nada más, y aunque lo hicieras no tenías porque,
dejaste la puerta abierta con viles intenciones,
y siguiendo tu plan entré....
miraba la silueta de tu cuerpo,
escuchaba el agua caer y te imaginaba desnuda detrás de aquel vidrio.




Hice ruido con tus zapatillas y me miraste,
de una forma que no puedo sacar de mi cabeza hasta ahora,
esa mirada de pecado, de invitación, de deseo;
abriste despacio la puerta y me tomaste del brazo...
yo solo me quedé ahí sin decir nada, me encantaba lo que veía,
incluso podría jurar que era igual a lo que había imaginado.



El agua caía tibia por tu cuerpo,
me pegaste a él de una forma tosca y eso me gustó.
Sonreímos porque estaba completamente empapada,
pero no me importo.
Desabotonaste mi blusa delicadamente sin dejar de mirarme,
tus labios se acercaron a mi de forma encantadora,
el agua caía por tu cuerpo dejandome notar en cada gota
la hermosura en tu cuerpo que no había olvidado.



Tus labios tenían el mismo sabor exquisito de la primera vez,
ese de manzana y caramelo,
ese de café y tabaco mezclandose con el mío.


Me tomaste de las muñecas y me pusiste contra la pared,
que ésta fría hizo endurecer mis pezones,
comenzaste a besarme despacio, besando mi espalda,
recorriendo mi piel que insanamente te deseaba desde hace tiempo.


Antes de llegar hasta mi espalda baja te detuve,
te besé pasionalmente como en las películas,
esas que no te gustaba mirar conmigo,



Comencé a tocarte y alguien toco a la puerta...
escuche varias veces el timbrar repetidamente
y seguí besándote sin importarme...
tocaron de nuevo y cuando abrí los ojos solo estaba yo,
en mi cama, desnuda y sudando en frío,
el timbre era el despertador que me decía:
Imbécil, ya es hora.
Deja de soñar con esa mujer que no existe.




27 ago. 2013

Sólo quedó una mancha grana en el polvo, pero el príncipe pasó por aquí, madre, y yo le eché a su paso mi mejor tesoro. [...]

                  Cuento de Rabindranath Tagore.

22 ago. 2013

Mar de fueguitos.



" Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.- El mundo es eso - reveló-. un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende. " 


Galeano, Eduardo. El libro de los abrazos.

10 sep. 2012

Los faltantes.

Yo soy...
un día yo...
no espero por...
 las cosas son...
 la vida debe...
el tiempo es... 
ya no quiero...
sólo que... 
el amor fue.

4 sep. 2012



La verdad es que eran como pájaros envejecidos y oscuros, con las pechugas palpitantes de haber volado mucho en un trozo de cielo muy pequeño. 
.
.
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U.U 




20 abr. 2012

Supongo que es bueno endurecerse hasta tal punto que nada pueda afectarte nunca más; pero entonces te quedarías solo, tan absolutamente al margen de los demás que la vida se volvería imposible. Aquí hay algunos que logran hacerlo, que encuentran el coraje para convertirse en monstruos; pero te sorprendería saber qué pocos son. O, para decirlo de otra manera, todos hemos terminado por convertirnos en monstruos, pero no hay prácticamente nadie que no guarde en su interior algún vestigio de lo que solía ser la vida.


Después de todo, la memoria no es un acto voluntario, es algo que ocurre a pesar de uno mismo, y cuando todo cambia permanentemente, es inevitable que la mente falle, que los recuerdos se escapen.

En realidad, el problema no consiste en que la gente olvide las cosas, sino en que nunca olvida las mismas. Lo que aún existe en la memoria de una persona, puede haberse perdido definitivamente para otra y esto crea dificultades, barreras insuperables para la comprensión.

Entonces nuestras vidas no son otra cosa que la suma de múltiples contingencias.


-El país de las últimas cosas, Paul Auster.

El amor: la peor blasfemia...